El ministro de Economía de Alberto Fernández


El problema es mayúsculo por varios motivos. En primer lugar, porque el ministro o la persona designada tiene que reunir dos condiciones de índole política, que el propio AF considera indispensable: no espantar al poder económico o a los llamados "mercados", y ser aceptable para la base de sustentación de dirigentes y votantes.

O sea, un ministro que no sea rechazado por el establishment, pero tampoco por su vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, por las bases kirchneristas duras como los intendentes de Avellaneda y Ensenada; por un Emilio Pérsico del Movimiento Evita; por un Fernando Pino Solanas; o por un Juan Grabois de la Corriente de Trabajadores de la Economía Popular. Encontrar alguien que concilie esos paladares se acerca bastante a dar con la aguja en el pajar.

Porque, además, es obvio que esa persona tiene tener las condiciones técnicas, la experiencia y la densidad como para hacerse cargo de una situación económica complicadísima. AF cree que la persona indicada es Roberto Lavagna.

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